La leyenda de Dylan y Báez

Pablo Cuvi es escritor, editor, sociólogo y periodista. Ha publicado numerosos libros sobre historia, política, arte, viajes, literatura y otros temas.
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Una película muy sonada nos lleva a los orígenes de Bob Dylan y su tempestuosa y creativa relación con Joan Báez, otra de las grandes cantautoras de los años 60. Ellos, Dylan y Báez, juntos y separados, él más que ella, son los protagonistas de ‘Un completo desconocido’, una película nostálgica que captura el feeling musical de esa época rutilante. (Solo por esto ya vale la pena verla. Y oírla).
La cámara sigue a un muchacho de 20 años que llega a Nueva York sin un centavo, armado tan solo con su gorra, su guitarra y sus primeras canciones. Gracias a su talento, rápidamente se incorpora a la escena del folk, donde se encuentra inevitablemente con Joan Báez, quien ya es una cantante reconocida y comprometida con las causas sociales. Una pionera de la canción protesta.
Es la década de los 60, claro, y las convulsiones sociales y políticas están al orden del día: crisis de los misiles en Cuba, pánico de guerra nuclear, asesinato de Kennedy, gigantesca marcha en Washington por los derechos civiles, donde también canta Joan Báez, quien acompañó a Marthin Luther King en varias manifestaciones.
Al mismo tiempo está cuajando un gran movimiento contracultural y antibélico cuyo principal medio de expresión será la música, donde Dylan pondrá su sello con algunas de esas canciones que se volverán mitológicas: ‘Blowin’ in the Wind’, ‘The Times They Are A–changin’ o ‘Like a Rolling Stone’, de 1965, donde escribió el verso: ‘A complete unknown, like a rolling stone’ que da nombre a la película (no al grupo de Mick Jagger, que ya existía).
Con muy buen ojo, el guionista se concentra en la relación afectiva y profesional de Dylan con Joan Báez: intensa, érotica, entrecortada por traiciones de alcoba, fructífera, donde cada uno utiliza al otro para consolidar su carrera.
Por esa, su convincente representación de Dylan –incluso se parece físicamente y asume el reto de interpretar, él mismo, las conocidas canciones del bardo–, Timothée Chalamet ganó el premio de la SAG este año. Junto a él se luce Monica Barbaro, quien “consigue transmitir esa mezcla de fiereza y fragilidad tan característica de Báez”, comentan en España. Y esta Monica sin acento tampoco dobla, sino que canta como la Joan original.
Entre grabaciones, presentaciones, hallazgos y disputas, la película remata en el festival de Newport, donde Dylan, que ya es un ídolo nacional, introduce, cual blasfemia para el público amante del folk, la guitarra eléctrica. En efecto, “los tiempos están cambiando” y el incontenible Dylan se despide también de la canción protesta.
Su carrera seguirá con abandonos y crisis espirituales, entre el desaliento y la redención, pero lanzando un disco tras otro hasta que, en 2016, acontecerá un hecho insólito: por primera vez la Academia sueca otorgará el Nobel de Literatura a un cantautor. Curándose en salud ante el asombro y la crítica que prevé, la Academia nos recuerda que seguimos leyendo a Homero y Safo, quienes escribían para ser oídos o representados. "Es lo mismo con Bob Dylan: puede ser leído y debe ser leído".
Bien mandado por los suecos adquiero un libro con las letras de sus canciones, que las voy leyendo de a poco y al azar. Sí, es un maestro del género, sintonizado con las inquietudes y búsquedas de esos años que dieron pie a las conquistas sociales, culturales y políticas que vendrían luego.
Lo dramático es que Dylan y Báez –junto a sobrevivientes de esa misma época como Paul McCartney y Mick Jagger– son testigos ahora de esta ola trumpista que flamea la siniestra bandera del antiwokismo y arrasa con todo, desde los migrantes y las minorías hasta las universidades de élite y las vacunas, ante la mirada desorientada de los demócratas.
¿Podrán esa ola reaccionaria, el genocidio en Gaza y Ucrania, las groseras provocaciones de Musk y la catástrofe de los aranceles generar protestas masivas y cantantes de esa talla, o la juventud seguirá dopada con celulares y reguetón mientras los tanques de Putin avanzan por Europa?
The answer, my friend, is blowin’ in the wind.