"Teníamos que salir porque hay mucha matanza", dice migrante ecuatoriana que no logró cruzar a Estados Unidos
Para decenas de migrantes latinoamericanos, como la ecuatoriana María Aguillón, el sueño americano se truncó con la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos.

Varios migrantes se embarcan en un bote en un poblado de Panamá, en su retorno hacia sus países de origen, 24 de febrero de 2025.
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AFP
Autor:
aFP / Redacción Primicias
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Los migrantes indocumentados en Estados Unidos viven momentos difíciles, puesto que hace poco el gobierno de Donald Trump ordenó que todos se inscriban en un registro especial y proporcionen sus huellas dactilares.
Pero esta medida abarca solo a los migrantes que lograron cruzar hacia Estados Unidos y están en situación irregular.
Hay viajeros como la ecuatoriana María Aguillón, cuyo sueño americano se truncó con el arribo de Trump al poder en enero de 2025.
Aguillón contó a la agencia AFP que cruzó la selva del Darién, pero a su esposo lo deportaron de Panamá y ella siguió con el resto. Quería llegar a Estados Unidos para reunirse con otros dos hijos que viven allá, pero no pudo.
Partió en diciembre de 2024 de un pueblito del sur de Ecuador con su esposo, tres hijos y tres nietos. "Teníamos que salir porque hay mucha matanza, yo había perdido un hijo", dijo sollozando en el albergue de San José en Panamá, a la espera de ser deportada.
Como ella, hay otros migrantes latinoamericanos en albergues de Panamá que no lograron ingresar a Estados Unidos y se fueron quedando en el camino.
Cientos de migrantes, muchos de ellos niños, abordan en estos días lanchas en Cartí, en la comarca indígena de Guna Yala, en el Caribe panameño. Van camino al sur, una travesía de unas 12 horas hasta el puerto de Necoclí, en Colombia, para luego seguir por tierra, la mayoría a Venezuela.
Buscan esquivar los controles en tierra que intentan sin éxito ordenar el flujo migratorio inverso y, sobre todo, el cruce de la selva del Darién, que muchos hicieron hace unos meses cuando se dirigían hace el norte y donde lograron sobrevivir a bandas criminales y peligros de la jungla.
Pero el peligro no desaparece. Una niña venezolana de ocho años murió al naufragar el viernes uno de estos botes con una veintena de migrantes.

Desazón y tristeza
Entre los migrantes reina la desazón y la tristeza. Desde que llegó a la Casa Blanca, Trump aplica una política de mano dura contra ellos, con redadas y expulsiones de personas en situación irregular a distintos países e incluso a la base estadounidense de Guantánamo, en Cuba.
También eliminó la aplicación móvil CBP One que permitía a los migrantes programar citas para solicitar asilo.
"Eso ya murió. Ya no hay sueño americano. Nueve meses esperé la cita y uno se cansa. Ya no hay esperanza. Nada", dice a la AFP Palacios, de 27 años, quien regresaba desde México con su hijo de 11 años y su esposo.

Junto a otros migrantes, esperaban la lancha en el desvencijado muelle de Cartí Sugdupu, una isla donde la mayoría de habitantes fue trasladada a tierra firme el año pasado porque en un futuro quedará bajo las aguas por el cambio climático.
En Cartí, Palacios y su familia, que han gastado más de USD 2.000 sólo en el regreso, esperan que sus parientes en Venezuela les envíen los USD 250 para pagar el bote.
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