Guerra de aranceles de Donald Trump: ¿cuál sería el impacto para Ecuador?
Donald Trump aplicará aranceles “recíprocos” desde el 2 de abril de 2025, replicando los impuestos que cada país cobra a EE.UU. Esto podría encarecer los productos ecuatorianos y afectar incluso a EE.UU.

Los aranceles impulsados por Donald Trump podrían encarecer los productos ecuatorianos en el mercado estadounidense.
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Donald Trump planea aplicar aranceles “recíprocos” desde este 2 de abril de 2025, es decir, replicar los impuestos que cada país impone a las exportaciones de EE.UU. Esta política podría encarecer los productos ecuatorianos en el mercado estadounidense. Aquí le explicamos el alcance de esta decisión comercial que tendría un efecto mayoritariamente negativo, incluso para Estados Unidos.
- ¿Qué son los aranceles recíprocos que impondrá Trump en abril de 2025 y cuánto le costará a Ecuador?
¿Qué es lo que plantea Trump?
El plan arancelario de Donald Trump propone una fórmula sencilla, pero disruptiva: cobrar a cada país los mismos aranceles que ese país impone a las exportaciones de Estados Unidos.
Un estudio del Instituto Peterson de Economía Internacional estimó el impacto de un arancel del 25% sobre las importaciones desde México y Canadá.
El análisis examina dos escenarios: uno sin respuesta, y otro en el que esos países aplican represalias, es decir, devuelven el golpe con aranceles similares a los productos estadounidenses.
La conclusión es que todos pierden, pero no en la misma magnitud. Si Estados Unidos impone aranceles, su economía caería hasta 0,3 puntos porcentuales por debajo del escenario base en 2027. Pero si hay represalias, la pérdida sería mayor: hasta 0,6 puntos por debajo.
En cambio, para México el golpe sería mucho más fuerte: el PIB llegaría a estar 3,4 puntos por debajo de lo previsto en 2032, mientras que en Canadá la caída máxima sería de 2,3 puntos en 2027.
El efecto sobre los precios también es claro. En el primer año, la inflación en Estados Unidos subiría alrededor de 0,4 puntos porcentuales más de lo previsto. Con represalias, ese aumento llegaría a 0,9 puntos.
Pero el impacto más fuerte lo vivirían México y Canadá. En 2025, los precios serían 1,3 puntos más altos de lo esperado en Canadá y 1,8 puntos más altos en México. Si estos países aplican aranceles recíprocos, las cifras saltan a 3 y 4 puntos, respectivamente.
La presión inflacionaria disminuye con el tiempo, pero persiste durante varios años. En México, por ejemplo, la inflación seguiría siendo más alta de lo previsto hasta después de 2030. Es decir, más de una década con precios elevados respecto a lo que se consideraba un escenario “normal”.
Este encarecimiento afecta directamente a consumidores y empresas: suben los precios de alimentos, insumos, tecnología y bienes de capital. Además, se reduce la inversión, se pierde competitividad y aumenta la incertidumbre económica.
¿Qué tan vulnerable es Ecuador?
Los efectos económicos de los aranceles impulsados por Donald Trump se sentirán con mayor intensidad en países que tienen una elevada dependencia comercial con Estados Unidos.
Como es el caso de México, que concentra gran parte de sus exportaciones agrícolas en el mercado estadounidense. En 2023, el 92% de las ventas agrícolas mexicanas tuvieron como destino Estados Unidos, según datos de Trade Data Monitor.
Ecuador, en cambio, envió el 22% de sus exportaciones agrícolas a ese país. Se trata de una proporción considerable, pero más moderada en comparación con otros países vecinos como Colombia (40%) o Perú (35%).
Pero si analizamos el comercio total, la dependencia ecuatoriana con respecto a Estados Unidos se vuelve aún más evidente. En 2024, el 20,3% del total de exportaciones ecuatorianas tuvo como destino ese país, lo que equivale a más de USD 6.900 millones. Le siguen Panamá (18,3%), la Unión Europea (17,1%) y China (14,8%). En conjunto, estos cuatro mercados concentran más del 70% de las ventas externas de Ecuador.
En contraste, Ecuador ocupa una posición marginal en la canasta importadora de Estados Unidos: representa apenas el 0,26% del total. Para dimensionar esta disparidad: países como México o China superan cada uno el 13% de participación, y otros socios estratégicos como Canadá o la Unión Europea también tienen un peso similar.
Por lo tanto, Ecuador estaría mucho más expuesto a los efectos negativos, dada su dependencia del mercado estadounidense. Para Washington, en cambio, Ecuador representa un socio comercial menor, lo que reduce el costo político y económico de aplicar medidas unilaterales.
¿Cuánto podrían subir los aranceles?
Si la administración de Donald Trump aplica el principio de reciprocidad al pie de la letra, Ecuador estaría en una posición adversa. En la actualidad, el país tiene aranceles más altos frente a los que recibe a cambio, lo que deja abierta la posibilidad de que Washington suba sus tarifas hasta equipararlas.
De acuerdo con los datos de la Organización Mundial del Comercio (OMC), en 2024, el arancel promedio simple aplicado por Ecuador a todos los productos estadounidenses fue del 22%, mientras que la tarifa de Estados Unidos a los productos ecuatorianos fue del 4,3%. Es decir, una diferencia de casi 18 puntos porcentuales.
La brecha es similar en el comercio agrícola, donde Ecuador aplica un 15,6% en promedio frente al 5,5% de Estados Unidos. En los productos no agrícolas, la diferencia es aún mayor: 22,6% contra 3,9%. Tomemos un ejemplo concreto: actualmente, las flores ecuatorianas pagan un arancel del 7% para ingresar al mercado estadounidense. Si se aplicara el principio de reciprocidad propuesto por Trump, esa tasa podría escalar casi 15 puntos porcentuales.
Además, Ecuador tiene una larga lista de restricciones que dificultan el acceso de bienes estadounidenses a su mercado. Entre estas se encuentran:
- El Sistema Andino de Franja de Precios (SAFP), que ajusta los aranceles agrícolas según los precios internacionales, encareciendo las importaciones cuando los precios globales caen.
- Comités consultivos, que pueden negar autorizaciones de importación de productos como maíz, leche o carnes si se considera que afectan a la producción local.
- Registros sanitarios obligatorios para alimentos procesados, cosméticos, medicinas y pesticidas.
- Prohibiciones a la importación de vehículos usados, neumáticos y ropa de segunda mano.
- Aranceles compuestos (ad valorem + específicos) para unos 350 productos, entre ellos textiles, neumáticos, electrodomésticos y materiales de construcción.
- Impuestos a los Consumos Especiales (ICE) a bienes considerados de lujo, como bebidas alcohólicas, cigarrillos y perfumes, que pueden llegar al 150% o más.
- IVA del 15%, con un recargo adicional del 0,5% destinado al Fondo de Desarrollo Infantil.
Con este panorama, Trump tendría argumentos suficientes para justificar un alza de aranceles hacia Ecuador, en línea con su idea de que Estados Unidos ha sido demasiado generoso con países que imponen mayores barreras a sus exportaciones.
Si su gobierno decidiera equiparar esas tasas, los aranceles podrían multiplicarse por cinco frente a los actuales, lo que tendría consecuencias directas para sectores clave de la economía.
En 2024, más del 42% de las exportaciones ecuatorianas hacia Estados Unidos corresponden al sector petrolero, seguido por camarón y pesca (18,2%), frutas y vegetales —como banano y brócoli— (11,5%), flores y otros productos agrícolas (7,1%), así como minerales y metales (6,3%) y productos derivados del cacao y café (5,8%).
Una política arancelaria más dura pondría presión sobre los márgenes de ganancia de exportadores y afectaría directamente los ingresos de miles de familias ecuatorianas vinculadas a estos sectores.
¿Sirven los aranceles? Lo que dice la teoría económica
En la década de 1950, el economista Harry Johnson demostró que imponer aranceles puede mejorar los términos de intercambio de un país si no hay represalias. Es decir, si un país impone una pequeña tarifa y su socio comercial no responde, podría lograr que los productos importados se abaraten y proteger su industria local.
Sin embargo, en un mundo interconectado, la respuesta habitual son las represalias. Y cuando eso ocurre, el efecto neto suele ser negativo: se encarecen los bienes para los consumidores, se genera ineficiencia productiva y se afecta el crecimiento.
Este hallazgo sentó las bases para el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) y la Organización Mundial del Comercio (OMC), cuyo objetivo ha sido evitar justamente esas guerras donde todos terminan perdiendo. La recomendación general desde entonces ha sido clara: los aranceles unilaterales no son una buena herramienta de política económica.
Entonces, ¿por qué Trump insiste en la guerra comercial?
A pesar de las advertencias teóricas y de los costos observados en experiencias pasadas, Donald Trump defiende los aranceles como herramienta central de su política económica. Su lógica parte de una visión política más que técnica: los déficits comerciales se interpretan como una señal de debilidad, como una evidencia de que otros países “se aprovechan” de la apertura estadounidense.
Durante su primer mandato, Trump aplicó aranceles a productos chinos, lo que desató una guerra comercial entre las dos principales economías del mundo. La consecuencia fue un incremento de precios para los consumidores estadounidenses, menor inversión empresarial y un efecto casi nulo sobre el déficit comercial global de Estados Unidos.
Sin embargo, un estudio reciente publicado en el American Economic Review, una de las revistas académicas más prestigiosas en economía, sugiere que, si se diseñan cuidadosamente, ciertas guerras comerciales podrían beneficiar a países con grandes déficits —como Estados Unidos—, siempre que impongan los aranceles correctos y los socios comerciales no respondan de forma efectiva.
¿Cómo es posible? La clave está en las elasticidades de la demanda. Si el país deficitario (en este caso Estados Unidos) tiene consumidores que pueden sustituir fácilmente importaciones por bienes locales, y si al mismo tiempo sus socios comerciales no pueden hacer lo mismo con las exportaciones estadounidenses, entonces los aranceles pueden alterar los términos de intercambio a su favor.
Entonces, la política comercial de Trump no es solo proteccionismo, sino una estrategia deliberada para aprovechar las asimetrías del sistema. Pero esa apuesta ignora los costos colaterales: disrupciones en las cadenas globales de valor, incremento de la incertidumbre, pérdida de confianza y un repunte inflacionario. Como muestra tanto la teoría como la evidencia empírica, las guerras comerciales casi nunca se ganan sin consecuencias.
Para Ecuador, el panorama no es necesariamente negativo. Si bien existe una dependencia importante del mercado estadounidense, también se abre una oportunidad para diversificar destinos de exportación o, incluso, para replantear la relación bilateral desde una lógica estratégica. Esta coyuntura podría reactivar el debate sobre el siempre postergado acuerdo de libre comercio con Estados Unidos.
(*) Elaborado por economista Silvio Guerra, analista económico Revista Gestión.
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